
Algunas personas debemos lo que somos a los libros. Esos pequeños 'cabroncetes' nos han hecho las veces de compañía y apoyo en multitud de ocasiones. Demasiadas veces entramos en una biblioteca o librería y no nos damos cuenta del poder y el saber tan inconmensurable que en -y entre- ellos habita.
Todo esto viene a cuenta de que me encuentro estos días terminando un libro que desde aquí os recomiendo a todos: Farenheit 451 de Ray Bradbury, autor -también- de Crónicas marcianas (sí, como el 'magmánime' programa). Éste es un más que conocido escritor dentro del género de la literatura fantástica; y más concretamente la distópica. Ésta literatura refleja lo que sería el futuro, normalmente negativo, de la sociedad actual.
En este caso, la novela imagina una sociedad donde los bomberos no apagan incendios, los provocan; y los provocan a base de libros, demonizados a ojos de la sociedad. El fin primero por parte del gobierno es la felicidad total y absoluta de los ciudadanos; y como suele ser normal en estos casos, los medios sí que lo justifican. Si la premisa es ser feliz, hay que eliminar de raíz todo lo que cause, o pueda causar, infelicidad. Es de sobra conocido que el que es ignorante es feliz, porque no conoce razón alguna para no serlo. Éste libro trata de eso.
Farenheit 451 no parece, a simple vista, más que un libro que habla de otros libros, pero no es así. Aparte de estar genialmente escrito y narrado con una claridad y estilo excelentemente impepinables, proporciona la piedra angular para una profunda reflexión acerca de los libros, lo que nos aportan y el -esperemos que no- futuro que les -nos- espera.
Publicado originalmente en http://inspiracionacustica.blogspot.com/
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